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Chapter 19 - Capítulo 17: El Altar de la Sangre Dorada

​El aire en el Gran Salón de las Reliquias de Mary Geoise ya no olía a incienso y perfume de nobles; olía a ozono, a madera quemada y al hierro dulce de la sangre de los Stormrage. Malfurion se encontraba de rodillas, su respiración era un silbido ronco mientras su Mori Mori no Mi luchaba desesperadamente por reconectar las fibras nerviosas de su columna vertebral, fracturada por el impacto del Almirante. A su alrededor, el mármol que había permanecido intacto durante siglos estaba reducido a polvo blanco.

​Frente a él, el Comandante Garling de los Caballeros Sagrados no mostraba ni una gota de sudor. Su espada, una hoja de grado supremo que parecía beber la luz de las antorchas, goteaba la sangre rosada de Linlin.

​— Es una lástima —dijo Garling, su voz resonando en el silencio sepulcral de la bóveda—. Tienen una biología fascinante. Podrían haber sido las mascotas perfectas del Gobierno Mundial durante siglos. Pero han elegido el camino de los ladrones, y en Mary Geoise, los ladrones no son ejecutados... son borrados de la historia.

​La Furia de la Reina Herida

​— ¡No te atrevas a darnos por muertos, basura con casco! —el rugido de Charlotte Linlin sacudió los cimientos del Castillo de Pangea.

​A pesar de la herida profunda en su muslo que teñía sus ropas de un carmesí oscuro, Linlin se puso de pie. Sus 3.50 metros de estatura parecieron crecer bajo la presión de su agonía. Su Soru Soru no Mi entró en un estado de sobremarcha. En un acto de desesperación absoluta, Linlin no buscó almas externas; hundió su mano en su propio pecho, extrayendo una porción masiva de su propia esperanza de vida.

​— ¡Soru Soru no Mi: Avatar de la Matriarca de Guerra! —gritó ella.

​La esencia vital de Linlin se manifestó como un aura de color rosa eléctrico que envolvió a Napoleón, Zeus y Prometeo, fusionándolos en una sola entidad de destrucción pura. Sus ojos se volvieron blancos, y el Haki de Conquistador que emanó de ella fue tan violento que las paredes de piedra marina de la bóveda comenzaron a agrietarse. Se lanzó contra Garling con una velocidad que desafiaba su tamaño, obligando al Caballero Sagrado a retroceder por primera vez, bloqueando una lluvia de tajos que llevaban el peso de un continente.

​El Despertar del Bosque de Hierro

​Malfurion aprovechó el respiro que Linlin le otorgaba. Sabía que no podía ganar en un duelo de esgrima contra estos monstruos. Necesitaba cambiar el terreno. Hundió sus manos, ahora transformadas en garras de madera negra, profundamente en el suelo, más allá del Kairoseki, buscando las corrientes de agua subterráneas que alimentaban los jardines de los Tenryuubito.

​— Mori Mori no Mi: Raíces del Sacrificio Vital.

​Malfurion no solo creó madera; empezó a bombear su propio Jugo de la Vida hacia el suelo para forzar un crecimiento antinatural. De las grietas del mármol no brotaron ramas verdes, sino troncos de Madera de Adam recubiertos de una resina ácida y reforzados con cada gota de Haki de Armamento que le quedaba. Los troncos se retorcieron como serpientes, atrapando los pies del Almirante que intentaba flanquear a Linlin.

​— ¡Malfurion, detente! ¡Te estás secando! —gritó Linlin al ver que la piel esmeralda de su compañero empezaba a volverse gris y quebradiza.

​— ¡Toma las frutas y prepárate! —respondió Malfurion con los dientes apretados—. Si vamos a caer, lo haremos arrastrando este castillo con nosotros.

​El Contraataque de los Dioses

​El Almirante, harto de los juegos de los jóvenes, liberó su verdadero poder. Con un movimiento de su capa, desató una onda de choque gravitacional que aplastó las raíces de Malfurion como si fueran paja seca. El suelo cedió, y la gravedad en la habitación se multiplicó por cien. Malfurion sintió cómo sus órganos internos se comprimían; la presión era tal que sus poros empezaron a supurar savia y sangre.

​Garling, por su parte, encontró una apertura en el frenesí de Linlin. Con un movimiento circular de su espada, realizó un tajo de Ryou que no golpeó el arma de Linlin, sino que atravesó el espacio, impactando directamente en su hombro derecho. El brazo de Linlin cayó inerte, con Napoleón golpeando el suelo con un estrépito metálico.

​— Se acabó el tiempo de juego —sentenció el Almirante, caminando hacia Malfurion, quien apenas podía mantener la cabeza erguida—. Entrégame las frutas, muchacho. Quizás te permitamos vivir como un experimento en los laboratorios de Vegapunk.

​El Clímax de la Desesperación

​Malfurion miró a las tres frutas que yacían a pocos centímetros: la Hie Hie, la Fénix y la Zarpa. Eran hermosas y letales. Sabía que si el Almirante daba un paso más, sus cabezas rodarían por el suelo de Mary Geoise.

​En un último acto de voluntad, Malfurion no intentó atacar al Almirante. Usó sus raíces para agarrar a Linlin por la cintura y atraerla hacia él.

​— Linlin... el alma del barco... —susurró Malfurion.

​— ¿Qué estás planeando, estúpido? —preguntó ella, sangrando profusamente pero aún con fuego en los ojos.

​— No vamos a salir por la puerta —respondió Malfurion. Sus manos se hundieron en la base del pedestal principal de la bóveda, que estaba conectado a los cimientos de la Red Line—. Vamos a causar el mayor derrumbe en la historia de este lugar.

​Malfurion concentró toda la energía de su Mori Mori no Mi en un solo punto de presión bajo el Castillo de Pangea. El Almirante y Garling se dieron cuenta demasiado tarde. La intención de Malfurion no era vencerlos, sino destruir el soporte estructural del ala este.

​El suelo comenzó a desmoronarse hacia el vacío. Una caída de diez mil metros hacia el mar nebuloso los esperaba. Pero antes de caer, Malfurion tuvo que enfrentar una última estocada de Garling, quien se lanzó como un rayo negro para recuperar las frutas. El acero atravesó el estómago de Malfurion justo cuando el suelo desapareció bajo sus pies.

​El capítulo termina con Malfurion y Linlin cayendo al abismo, entrelazados, rodeados de escombros de mármol y con el Caballero Sagrado mirando desde el borde roto de la Red Line, con una expresión de pura furia al ver cómo sus tesoros desaparecían en la niebla junto a los ladrones.

​Estado de la Batalla:

​Malfurion: Herida de estocada en el abdomen, agotamiento vital extremo (piel grisácea), columna dañada.

​Linlin: Brazo derecho inutilizado, herida abierta en el abdomen y muslo, pérdida masiva de esperanza de vida propia.

​Botín: Las 3 frutas (Hielo, Fénix, Zarpa) caen con ellos.

​Enemigos: Garling y el Almirante permanecen en la cima, pero el ala este del palacio ha sido destruida.

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