El sol se ocultó y volvió a nacer tres veces sobre las costas de Avaris, pero para los hombres que luchaban en la playa, el tiempo se había convertido en un ciclo interminable de sangre y acero. Lo que la Marina pensó que sería una ejecución rápida se transformó en una guerra de desgaste catastrófica.
A diferencia de los humanos comunes, Malfurion y Linlin, de 13 años, poseían un motor biológico que desafiaba la lógica. Mientras el Almirante Kiro y sus oficiales empezaban a mostrar signos de agotamiento, los dos jóvenes dioses parecían fortalecerse con cada hora que pasaba. El Jugo de la Vida circulaba por sus venas como combustible de alta densidad, reparando fibras musculares y reponiendo el Haki casi al mismo ritmo que lo consumían.
El Segundo Día: La Marea Roja
Para la tarde del segundo día, la playa de Avaris ya no era de arena blanca; era un lodazal de barro y restos de barcos. Ocho mil marines habían desembarcado, y ocho mil marines yacían ahora bajo las raíces de Malfurion. El aire estaba saturado con el olor del ozono, el hierro de la sangre y el aroma dulce y embriagador de las flores parásitas que Malfurion había sembrado en el campo de batalla.
Los Vicealmirantes Onibi y Vespa, heridos y con sus uniformes hechos jirones, intentaron una última carga coordinada.
— ¡No puede ser que no se cansen! —rugió Vespa, cuya lanza de Kairoseki estaba astillada.
Linlin, en su forma de 10 metros, soltó una carcajada que retumbó en los pechos de los soldados sobrevivientes. Su piel de acero rosa estaba manchada de hollín, pero sus ojos brillaban con una vitalidad aterradora.
— ¡Malfurion me prometió un festín y ustedes son el plato principal! —gritó ella.
Con un movimiento imbuido en Haki de Conquistador, Linlin lanzó su técnica "Ikoku Sovereignty". El tajo de presión no solo atravesó a los Vicealmirantes, sino que barrió a los últimos batallones que intentaban reagruparse, partiendo dos buques de guerra que estaban anclados en la bahía. Onibi y Vespa desaparecieron en la explosión, sus voluntades simplemente borradas de la existencia.
El Tercer Día: El Ocaso de un Almirante
Al amanecer del tercer día, solo quedaba un hombre en pie: el Almirante Kiro. El "Muro de Hierro" era ahora una sombra de sí mismo. Su brazo izquierdo colgaba inútil a su costado, y su legendario Haki de Armamento, que antes cubría su cuerpo como una armadura absoluta, ahora parpadeaba como una vela a punto de apagarse.
Frente a él, Malfurion Stormrage se mantenía impecable en su forma de 3.50 metros. Sus pies estaban fundidos con las raíces de la isla, absorbiendo los nutrientes de los miles de caídos para mantenerse fresco.
— Has luchado bien, Kiro —dijo Malfurion, cuya voz era tan clara como si acabara de despertar—. Tres días de combate contra nosotros es un récord que nadie en el Gobierno Mundial podrá igualar. Pero tu justicia es mortal, y mi bosque es eterno.
Kiro levantó su único brazo sano, concentrando cada gramo de su energía vital en un último golpe de Haki.
— Soy un Almirante de la Marina... —jadeó, con la sangre brotando de sus pulmones—. ¡No permitiré que este mundo sea devorado por vuestra estirpe!
Kiro se lanzó en una carga final, pero Malfurion no se movió. Activó el Despertar Incipiente de su fruta.
— Mori Mori no Mi: El Árbol de la Ascensión Divina.
Del pecho de Malfurion brotó una raíz blanca pura, imbuida en un Haki de Armamento transparente pero infinitamente denso. La raíz no golpeó a Kiro; lo atravesó. En el momento del contacto, Malfurion no usó fuerza bruta, sino absorción absoluta.
Kiro sintió cómo su conciencia, su Haki y su propia alma eran succionados hacia Malfurion. El cuerpo del Almirante se marchitó en segundos, volviéndose ceniza blanca que el viento de Avaris se llevó hacia el mar.
El Saldo de la Tragedia
Cuando el silencio finalmente regresó a la isla, el panorama era desolador para el Gobierno Mundial.
Bajas de la Marina: 8,200 soldados muertos.
Oficiales perdidos: 1 Almirante y 3 Vicealmirantes.
Flota: 24 buques de guerra reducidos a astillas.
Malfurion caminó hacia Linlin, quien había regresado a su forma de 3.50 metros. Ambos estaban cubiertos de una resina dorada, el exceso de energía del Jugo de la Vida que sus cuerpos no podían procesar de inmediato. Se miraron a los ojos y, por primera vez, sintieron que el nivel de Almirante no era una meta, sino el peldaño que acababan de pisar.
— El mundo va a gritar cuando se entere de esto —dijo Linlin, apoyándose en el hombro de Malfurion.
— Que griten —respondió Malfurion, observando cómo las raíces de su reino terminaban de arrastrar los restos de los barcos al fondo del mar—. Hoy, Avaris ha dejado de ser una isla para convertirse en una leyenda negra. El Gorosei enviará a los God Knights o a la flota entera la próxima vez. Pero para entonces... ya no tendremos 13 años.
Malfurion levantó su mano, y de la tierra donde cayó Kiro, brotó una única flor negra que brillaba con una luz púrpura. Era la esencia concentrada del Haki del Almirante, convertida en un nutriente que Malfurion usaría para fortalecer su propia descendencia.
A sus 13 años, la pareja Stormrage había logrado algo que sorprendió a Rocks D. Xebec
