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Chapter 24 - Capítulo 24: El peso del poder

El bosque estaba en silencio.

Mitsu entrenaba solo, como casi siempre.

Movimientos precisos.

Respiración controlada.

Nada exagerado.

Solo constancia.

Cuando terminó una secuencia de taijutsu, una presencia apareció detrás de él.

—Mitsu.

No se sobresaltó.

Un ANBU, máscara de halcón.

—El Hokage quiere verte. Ahora.

Mitsu giró lentamente.

Pensó unos segundos.

La emboscada.

Los jōnin muertos.

Los cuerpos recuperados.

Y entonces lo recordó.

No destruí el cerebro.

El clan Yamanaka.

Lectura de memoria.

—…Entiendo —respondió.

Asintió y siguió al ANBU.

La Torre del Hokage

La oficina estaba en silencio cuando entró.

Frente al escritorio se encontraba el Cuarto Hokage, Minato Namikaze.

Sereno. Atento.

Y a un costado, estaba Hiruzen Sarutobi.

Mitsu los saludó con respeto.

—Hokage-sama.

—Tercer Hokage.

Ambos lo observaron en silencio durante unos segundos.

Hiruzen fue el primero en hablar.

—Mitsu… —dijo con voz tranquila, casi paternal—. Nos informaron que derrotaste a dos jōnin enemigos durante la misión en la frontera.

Mitsu no respondió.

La habitación se volvió más pesada.

—Explícame cómo lo hiciste —insistió Hiruzen—. Ese nivel de fuerza no corresponde a un chūnin.

Silencio.

Mitsu alzó la mirada.

No hacia Hiruzen.

Miró directamente a Minato… y sonrió levemente.

Ese gesto encendió algo.

—Te estoy hablando, muchacho —dijo Hiruzen, endureciendo el tono.

Mitsu giró por fin hacia él.

Su expresión era tranquila.

—Con todo respeto —respondió—, usted ya está jubilado.

El aire se congeló.

—Debería estar en su casa… con su esposa… y su nieto.

Minato abrió apenas los ojos.

—No sentado en el poder.

La presión explotó.

El chakra del Tercer Hokage cayó como una montaña.

Una presión pesada, antigua, dominante.

Mitsu no se movió.

Ni un paso atrás.

Ni una mueca.

Solo dejó escapar una pequeña risa.

—Eso es todo lo que queda de usted… —dijo— presión.

Hiruzen cambio el rostro totalmente.

Minato levantó la mano.

—Basta —ordenó con calma.

La presión desapareció.

El Cuarto Hokage observó a Mitsu con nuevos ojos.

—Dime algo —preguntó—. ¿Por qué ocultás tu fuerza?

Mitsu no dudó.

—Porque mis padres me enseñaron algo antes de morir.

Minato escuchó en silencio.

—Nunca confíes completamente en alguien.

—Y siempre guarda una carta oculta… por si el mundo decide darte la espalda.

El silencio volvió.

Esta vez distinto.

Más pesado.

Minato cerró los ojos un segundo.

Cuando los abrió, tomó una decisión.

—Mitsu… ¿te interesaría ingresar al ANBU?

El muchacho levantó una ceja.

—¿Bajo quién?

—Bajo mi mando —respondió Minato.

Mitsu pensó solo un segundo.

—Entonces sí.

Luego añadió con total franqueza:

—Si fuera para servirle a él… —miró de reojo a Hiruzen— no habría aceptado.

Hiruzen apretó los dientes.

Minato no se ofendió.

Al contrario.

Lo entendió.

—Puedes retirarte —dijo.

Mitsu hizo una leve reverencia y salió.

Esa misma noche

Mientras Mitsu regresaba a su casa, pensando en todo lo ocurrido…

En la torre del Hokage, Minato habló con voz firme.

—Hiruzen-sama… ya es tiempo.

El anciano lo miró.

—¿Tiempo de qué?

—De que me entregues el control total de la aldea.

Silencio.

—Ya aprendí lo suficiente —continuó Minato—. En un mes tomaré todas las decisiones.

—Y los ANBU que no estén bajo mi mando… serán retirados.

El rostro de Hiruzen se oscureció.

—Todavía no es momento…

—Sí lo es —respondió Minato sin elevar la voz—. Konoha necesita avanzar.

El Tercer Hokage no respondió.

Solo se dio la vuelta.

Y salió de la oficina con el rostro negro como la noche.

Minato quedó solo.

Miró por la ventana.

Pensando en Mitsu.

En su mirada.

En su calma.

Y en algo que lo inquietaba profundamente.

—Ese chico… —murmuró— es interesante.

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