El campo de entrenamiento estaba casi vacío.
El viento movía suavemente la tierra marcada por cientos de combates pasados. Mitsu caminaba con las manos en los bolsillos, atento a cada presencia. Desde que había alcanzado ese nuevo nivel de poder, debía ser aún más cuidadoso.
Mostrar demasiado… significaba morir antes de tiempo.
Entonces lo vio.
Un joven de cabellos oscuros entrenaba solo, golpeando con precisión un tronco reforzado. Llevaba la frente cubierta por una venda blanca… pero aun así era evidente.
El símbolo del pájaro enjaulado se marcaba débilmente bajo la tela.
—Hyūga… —murmuró Mitsu.
Rama secundaria.
Eso explicaba la soledad.
Se acercó sin hostilidad.
El Hyūga se detuvo al sentirlo.
—¿Qué querés? —preguntó con frialdad.
—Un duelo —respondió Mitsu con calma—. Quiero hacerme más fuerte. Lucho con cualquiera que encuentre…
El Hyūga lo observó en silencio.
No vio arrogancia.
No vio burla.
Solo determinación.
—…Está bien —dijo finalmente—. Pero sin rencores.
Asintieron.
El combate comenzó.
Puños, pasos cortos, precisión absoluta.
El estilo Hyūga era impecable, elegante, mortal. Mitsu no se acercó demasiado. Midió distancias, atacó y retrocedió, probando reflejos, observando.
En un cruce rápido de taijutsu, Mitsu giró el cuerpo… y sus dedos rozaron el hombro del Hyūga.
Un solo cabello quedó atrapado entre sus dedos.
Nadie lo notó.
El duelo continuó unos minutos más, hasta que ambos se detuvieron al mismo tiempo.
Empate.
Porque Mitsu así lo quiso.
—Sos fuerte —admitió el Hyūga, respirando hondo—. Para alguien sin clan.
—Gracias —respondió Mitsu con sinceridad.
Se separaron sin enemistad.
Esa misma noche…
[ADN confirmado — Clan Hyūga]
[Fruto del Origen en crecimiento]
Mitsu observó el árbol mentalmente.
Una nueva semilla blanca comenzaba a formarse.
Pero eso no era suficiente.
Si quería comprobar su teoría… necesitaba el otro linaje.
El rojo.
Pasó todo el día buscando hasta que a la tarde en los campos de entrenamiento, en una zona abierta.
Lo encontró.
Un joven Uchiha entrenaba solo.
Movimientos fluidos.
Sellos rápidos.
Una llamarada de fuego se elevó frente a él.
—Katon: Gōkakyū no Jutsu.
El calor se sintió a varios metros.
Mitsu sonrió levemente.
Perfecto.
Se acercó sin miedo.
—¿Querés pelear?
El Uchiha giró, sorprendido.
—¿Vos? —lo miró de arriba abajo—. ¿son un ninja civil?
—Si —respondió Mitsu—. Pero quiero probarme contra la élite de Konoha. Dicen que los Uchiha son los más fuertes.
El pecho del Uchiha se infló al instante.
Una sonrisa orgullosa apareció.
—Eso es verdad —dijo—. Está bien, civil. Entrenemos.
El combate fue intenso.
El Uchiha era superior en ninjutsu.
Más experiencia.
Más presión.
Mitsu perdió… pero por poco.
En un intercambio final de taijutsu, ambos retrocedieron jadeando.
Y en ese cruce…
otro cabello cayó.
Mitsu lo atrapó sin que el otro lo notara.
—Nada mal —dijo el Uchiha—. Sos fuerte para no tener clan. Si querés entrenar, suelo venir acá.
—Me gustaría —respondió Mitsu con una sonrisa sincera.
Se despidieron sin rencores.
Esa noche…
[ADN confirmado — Clan Uchiha]
[Fruto del Origen en crecimiento]
Dos frutos colgaban ahora del Árbol del Origen.
Uno blanco.
Uno rojo oscuro.
Mitsu los observó en silencio.
—Hyūga… y Uchiha…
Cerró el puño lentamente.
—¿Qué clase de ojo nacerá de ustedes…?
Sabía una cosa con certeza.
El Uchiha con el que luchó tenía tres tomoe.
No los había usado… porque no lo necesitó.
Eso hacía el fruto aún más valioso.
Siete días.
Solo siete días más.
Y el destino volvería a cambiar.
