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Chapter 21 - Capítulo 20: Cascabeles

El sonido de los cascabeles era irritante. 

Clin, clin.

Kakashi Hatake los hacía sonar con una arrogancia perezosa, colgando de su cintura como si fueran adornos inofensivos. 

Pero para un ninja entrenado, el mensaje era claro: "Intenta quitármelos y te mataré antes de que toques el metal."

Naruto Uzumaki estaba agazapado entre los arbustos. 

Su respiración era invisible, su pulso estaba a 50 pulsaciones por minuto.

A su lado (metafóricamente, porque en realidad estaban dispersos), Sasuke y Sakura se escondían.

—El Uchiha atacará primero —predijo Kurama. —Su orgullo no le permite esperar.

—Lo sé —respondió Naruto mentalmente—. Y cuando él falle, tendré que salir yo. A hacer el ridículo.

Tal como estaba previsto, Sasuke lanzó una lluvia de shurikens y kunais.

Fue un ataque de cobertura decente para un Genin. 

Kakashi ni siquiera dejó de leer su libro; simplemente se ladeó.

Era el turno de Naruto.

—¡AAAAH! ¡Aquí voy! ¡Dattebayo!

Naruto salió de los arbustos gritando, rompiendo cualquier elemento sorpresa. 

Corrió directamente hacia el Jōnin.

Fue entonces cuando sus manos fueron a su espalda. 

Sus dedos rodearon el mango de la chokutō.

Kakashi levantó una ceja visible. ¿Una espada? Eso es nuevo.

Naruto tiró del arma. 

Lo hizo mal a propósito. 

Aplicó demasiada fuerza en el ángulo incorrecto, haciendo que la vaina se enganchara en su ropa por un segundo antes de liberarse. 

El movimiento fue tosco, sin gracia.

—¡Te tengo! —gritó Naruto, levantando la espada sobre su cabeza con ambas manos, como si fuera un hacha de leña.

Bajó el acero con un golpe vertical telegrafiado.

Kakashi suspiró. 

Ni siquiera usó un kunai para bloquear. 

Dio un paso lateral perezoso. 

La espada de Naruto golpeó el aire y se clavó en la tierra.

—Demasiado lento —dijo Kakashi, sin levantar la vista de su novela erótica.

Naruto fingió que el peso de la espada lo arrastraba, tropezando sobre su propia arma. —¡Maldición! ¡Se atascó!

—Duele ver esto —comentó Kurama, asqueado. —Tu postura es un insulto a la biomecánica.

—Cállate. Funciona —pensó Naruto.

Mientras forcejeaba cómicamente para sacar la espada de la tierra, Naruto estaba escaneando a Kakashi. 

Peso en el pie izquierdo. 

Centro de gravedad bajo. 

Huele a perros y a electricidad estática. 

No está usando chakra activamente, solo físico puro.

Kakashi decidió terminar con la farsa. 

Se movió detrás de Naruto en un parpadeo.

—Jutsu Secreto de la Aldea de la Hoja: ¡Mil Años de Dolor!

Naruto voló por los aires (ayudado por un salto propio para minimizar el impacto rectal) y cayó al río con un splash enorme.

Minutos después, cayó en la trampa clásica. 

Una cuerda se tensó alrededor de su tobillo y lo dejó colgando boca abajo de un árbol.

—¡Suéltame! ¡Esto es trampa! ¡Eres un viejo tramposo! —gritó Naruto, pataleando frenéticamente y agitando los brazos.

Kakashi recogió los cascabeles y se acercó al árbol. 

Miró al niño rubio que gritaba y se retorcía.

Externamente, Naruto era la imagen del pánico y la frustración infantil. 

Pero Kakashi, ex capitán de ANBU, notó algo que le heló la sangre por un segundo.

Las pupilas de Naruto.

Cuando alguien está en pánico, colgado boca abajo y con la sangre bajando a la cabeza, sus ojos se dilatan. 

Hay movimientos sacádicos, rápidos, buscando una salida. 

La respiración se vuelve corta y alta.

Los ojos de Naruto estaban fijos. 

Sus pupilas tenían el tamaño normal. 

Y aunque gritaba con la boca, el movimiento de su pecho indicaba una respiración diafragmática profunda y rítmica.

Está gritando... pero no tiene miedo, analizó Kakashi. 

Su cuerpo está relajado, como si estar colgado fuera lo más natural del mundo.

—Piensa un poco antes de usar un jutsu, Naruto —dijo Kakashi en voz alta, probándolo—. O te quedarás ahí todo el día.

—¡Cállate! —respondió Naruto, siguiendo el guion.

Kakashi se alejó, sintiendo una inquietud en la nuca. El niño era un idiota, sí. Sus movimientos con la espada eran atroces. Pero su sistema nervioso... su sistema nervioso reaccionaba como el de un veterano aburrido, no como el de un novato asustado.

Tengo que vigilar eso, pensó el Jōnin.

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