Después de que Damian se había ido, él se había quedado en el frío de la noche, regando que volviera y no lo abandonara. Rogando que todo fuera una pesadilla como las que muy de vez en cuando tenía.
Ahora no le quedaban ni los latidos de su amigo para consolarse, pues le parecía desgarrador el oírlos alejarse sin poder hacer nada.
El hijo del Hombre de Acero se estaba haciendo añicos por una simple distancia. Una que nadie entendería.
Fue poco después que él y su familia se enteraron de que su abuelo estaba vivo y que esté ofrecía llevarse a Jon unas semanas, para entrenarlo.
Jonathan no lo pensó dos veces, tenía que distraerse del dolor. Se fue a entrenar con su abuelo.
Para Jon pasaron años, años lejos de su familia y todo lo que conocía, sin embargo, se consolaba a sí mismo diciéndose "Cuando vuelva, Dami estará ahí" y abrazaba su peluche con la esperanza siendo su salvavidas para la soledad que conllevó abandonar todo.
Aprendió a defenderse, a dominar sus feromonas, a imponerse sin necesidad de ella, a controlar su poder y que las emociones no interfirieran en eso. Y al lograr todo esto solo deseaba mostrarle a Damian.
Finalmente volvió a la tierra, no fue a ver a sus padres, no, tenía algo más importante que hacer. Llegó directamente al balcón por dónde tantas veces se había colado anteriormente. Solo para encontrarlo vacío.
Cuando su sonrisa estaba a punto de extinguirse, decidió darse esperanzas y afinó el oído para buscarlo por Gotham. No lo encontró y eso fue lo que terminó de destrozarlo.
-No... Esto no... Se suponía que Dami ya tenía que estar aquí... -Se dejó caer de rodillas y de su mochila sacó con cuidado su peluche -.Dami... -Se aferró al peluche con fuerza y empezó a sollozar sin consuelo.
Alguien entró a la habitación, se sorprendió al ver al joven en el suelo, no lo reconoció y sacó un batarang.
-¿Quién carajos eres? -Jon levantó la cabeza, solo un poco, fue entonces que Tim lo reconoció.
-¿Jonathan?
-Tim... -Jon se levantó y se limpió las lágrimas -.¿Dónde?... -Algo lo hizo detenerse y adoptar una expresión neutral -.¿Cuánto tiene que Damian se fue? -Tim miró a otro lado, con cierta tristeza y añoranza.
-Un mes
-Un mes... -Repitió Jonathan con cuidado, captando lo que esto significaba.
-Pensé que te habías ido con tu abuelo... ¿Por qué volviste? -Preguntó Tim guardando el batarang. Jon guardó su procesión más preciada en su mochila nuevamente.
-Tim... Fueron seis años... -Tim abrió los ojos con sorpresa y luego suspiró, porque entendía, entendía por qué había encontrado a un kriptoniano quebrado de rodillas en el suelo.
-Lo siento... -Dijo Tim mientras veía a Jon darle la espalda y dirigirse a la ventana -.Jonathan... -Jon salió volando por la ventana.
★★★
Sus padres habían reaccionado bastante mal al ver qué habían perdido muchos años, sin embargo, lo aceptaron eventualmente.
Clark se retiró y le heredó el manto de Superman, Jonathan lo aceptó, y aunque cumplía con sus deberes por el día. Por la noche iba a Gotham.
Se sentaba en el mismo lugar donde esperaba a Damian, al lugar donde siempre llegaba tarde, recibiendo un regaño y un conteo exacto de cuánto había tardado.
Eso para Jon era especial, era la manera en la que Damian le demostraba que le importaba, porque a pesar de todo, siempre seguía esperándolo.
Por eso decidió hacer lo mismo, tener la misma paciencia que Damian le tuvo, lo esperaría, en el mismo lugar donde siempre se reencontraban aunque intentaran separarlos. Jonathan juró que está vez no sería diferente.
Cada noche volvía al lugar y miraba el cielo esperando el amanecer, nunca llegó ni una sola vez tarde no se fue un minuto antes.
★★★
Consiguió un pequeño empleo de medio tiempo que le permitía moverse con normalidad siendo Superman y no interfería con su tiempo sagrado.
Jonathan se movía con lentitud entre las calles, se dirigía a una tienda 24h antes de ir al techo donde pasaría la noche una vez más.
Pasó al lado de un joven, este se detuvo, pero Jonathan mantuvo su ritmo firme, ignorando totalmente la sensación incómoda en su interior.
Llegó a la tienda y compró lo de siempre antes de salir y meterse a un callejón para cambiarse. Antes de hacerlo, sintió una presencia, se giró, pero no vió a nadie, suspiró y se recargó de la pared.
-Sal -Ordenó, él otro, sin método de defensa ante la Voz Dominante, se mostró. Jonathan frunció el ceño con disgusto cuando percibió el aroma del Omega. {Algodón de azúcar}
-Yo...
-¿Sabes que seguir a las personas por las calles es raro? -Se cruzó de brazos y lo observó de arriba a abajo.
-Lo siento, no pude evitarlo... -Suspiró y se rascó la nunca, nunca se imaginó que así sería su encuentro con su destinado.
-¿Qué es lo que quieres? -Dijo Jon con una voz neutra. El joven se sorprendió, pero negó con la cabeza.
-Yo... Lo sentí
-¿Sentiste que? -Preguntó con una voz mucho más ruda de lo que quería.
-... El destino -La mirada de Jon se endureció y el joven retrocedió un paso.
-¿Y? -Jon volvió a su expresión neutral.
-Bueno... Solo pensé que-
-¿Que yo también buscaba tan desesperadamente mi destino? -Rió sin gracia y negó con la cabeza.
-Soy Jay... Jay Nakamura -Suspiró -.Solo quería ver qué era lo que el destino preparó para mí.
-Soy Jonathan y a mí no me interesa, gracias -Se dió la vuelta para irse.
-Eres Superman -Susurró tan bajo que solo Jon lo pudo escuchar, se giró para mirarlo. Jay rápidamente levantó las manos en son de paz -.No lo digo para... Extorsionarte
-¿Que es lo que quieres?
-Que dejes de estar a la defensiva un maldito minuto -Jay soltó un suspiro exasperado, nunca esperó que su destinado fuera un idiota -.Los destinados no son solo para coger, ¿No tuviste clase de ciencias?
Jon lo miró un momento luego a otro lado, rememorando esa clase incómoda que vivió en sus épocas de escuela, con Damian, volvió a mirarlo.
-Mi amistad es todo lo que ofrezco -Dijo el kriptoniano mirando al omega, Jay bajó las manos cuando vió que Jon finalmente cedió.
-Gracias, lo aprecio -Jon asintió y se fue del lugar.
★★★
Jon llegó a casa de sus padres de visita, estaba ayudando a preparar la comida a su madre, cuando ella tuvo que salir y dejó a Jon solo en la cocina.
Su padre entró a la cocina y empezó a ayudarle, en silencio, Jon sabía interpretar ese silencio perfectamente, metió lo que tenía que meter en el horno y se giró para mirar a su padre.
-¿Que sucede?
-Tu abuelo te volvió intuitivo -Clark suspiró y lo miró -.Escuché de buena fuente que encontraste a tu destinado, felicidades -Jon rodó los ojos y sacó la comida del horno y la dejó en la barra con más rudeza de la necesaria, a propósito.
-Dejémoslo claro, no quiero malentendidos, no me gusta, no me va a gustar y si intenta coquetear conmigo lo haré a un lado -Miró a su padre -.Él no me interesa para nada
-Tranquilo, no te estoy juzgando o decir que te le lances encima... Pero ahora me da curiosidad, ¿Por qué estás tan cerrado?
-Porque no lo siento correcto -Clark frunció el ceño, Jon buscó las palabras para explicarse -.Cuando lo conocí, no sentí atracción, sí, sentí el destino, pero no me hizo sentir atraído... Se sintió... Mal, incorrecto... Falso -Finalizó Jon.
-Entiendo, al menos date la oportunidad de conocerlo -Dijo Clark dando un paso a su hijo.
-Ya lo hago, es un buen chico, lo admito, no es mi tipo, punto -Se alzó de hombros.
-Entonces cuál es tu tipo -Clark alzó una ceja.
Jon abrió la boca para contestar pero se detuvo al instante, los ojos como platos al dar con el nombre que iba a soltar. Negó con la cabeza.
-Pondré la mesa, padre -Y salió de la cocina.
Clark emitió un suspiro de tristeza, miró por la ventana, nadie podía culparlo por intentar que su hijo no sufriera su maldición. Todo por un no que no pudo decir.
★★★
Pasó un año. Jonathan estaba sentado en la azotea, esperando, como cada noche. Jay llegó, se quedó un rato mirando el cielo nocturno antes de acercarse a Jon y pasarle un poco de comida chatarra.
-Gracias Jay -Dijo recibiendo el alimento.
-Esta vez no son hamburguesas para que no te pongas a llorar -Dijo con burla.
-¡Fue una vez! -Soltó frustrado. Jay se burlaba de eso cada que podía.
Jay acompañaba a Jonathan aveces cuando esperaba a Damian. Una vez trajo hamburguesas y Jonathan lloró por la nostalgia.
-¿Crees que llegue? -Preguntó Jay mientras tomaba una bebida energética y empezaba a escribir en su computadora.
-Eso espero -Respondió Jon honestamente.
-Siempre me lo he preguntado... ¿Por qué? -Dijo sin despegar su mirada de la pantalla.
-Porque es mi mejor amigo
-Y yo vengo de Saturno
-Prometió volver
-Podias esperarlo en tu casa
-¿Cuál es tu punto? -Dijo volteando a verlo.
-¿Quieres una lista? -Jon alzó una ceja y Jay suspiro, reunió su paciencia, como si le enseñara a un niño a contar -.Okey, sé que no eres idiota, así que dejaré que lo descubras por tu cuenta... Solo espero que no sea tarde
-¿Eh? -Jon ladeó la cabeza, pero entonces se dió cuenta de lo que Jay hablaba y se quedó petrificado.
Jay suspiró, guardó su computadora en la mochila y se levantó poniendo una mano en su hombro.
-Avisame cuando lo proceses
No fue hasta que amaneció y Jon había repasado cada momento al lado de Damian que se dió cuenta.
-Ay no... -Escondió su cara entre sus manos -.Dami me va a matar...
★★★
Habían pasado tres años, Jonathan estaba cumpliendo su rol como Superman, pero con cada día que pasaba se iba sintiendo cada vez más vacío.
Empezaba a perder su razón de seguir peleando, todo le parecía tan monótono y apagado.
El único momento que le hacia sentir que su día había valido la pena era cuando volvía a la azotea para esperar a Damian.
Para su amigo solo habían pasado dos años, pero para él, había pasado nueve años. Lentos, tortuosos, eternos.
Nueve años sin verlo, abrazarlo, escuchar su voz, sus reproches, extrañaba que le acariciara el cabello.
°-Me encanta°
Esas palabras siempre conseguían que a Jonathan se le acelerara el corazón. Quería volver a oír a Damian admitiendo que adoraba su cabello.
Había aceptado que estaba enamorado de él, mucho antes de entender que era amar, tras repasar todo, descubrió más o menos cuando había empezado a amarlo y eso se remontaba a la infancia.
El como siempre buscaba su compañía, el como le destrozaba el alma cuando Damian lo apartaba, como inconscientemente siempre buscaba abrazarlo o hacerlo sonreír.
El como frente a él siempre se portó sumiso, adorable y obediente, porque eso era lo que quería Damian de él, un chico adorable, y le encantaba complacerlo.
Pero el dato que más se lo dejaba claro, era que con Damian había descubierto que eran los celos.
«Maldito Atlante» Pensó mientras recordaba algunos momentos donde Kaldur andaba metido.
El dolor en su pecho era cada vez peor, cada día sin Damián le parecía una tortura, anteriormente lo soportó porque estaba en el espacio y tenía poco tiempo para pensar, sin embargo, ahora con tantos pensamientos en su cabeza y el descubrimiento de su amor hacia su mejor amigo, el dolor y la sensación de soledad se había abierto paso a lo profundo de su corazón.
Pero se quedaba en esa azotea, simplemente esperando una sola cosa, un solo latido que no podía encontrar por mucho que se concentrara.
Hasta que lo escuchó, un latido, no muy lejos de donde estaba. Lento, controlado.
-Dami...
