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Chapter 1 - Capítulo 1: Estrellas Frías

La nada es un lienzo negro salpicado de estrellas frías. No hay cielo, no hay tierra, solo un abismo infinito que me traga. Un dolor agudo recorre mi cuerpo, un recordatorio brutal de que algo terrible ha sucedido. Me siento como si me hubieran arrancado de mi realidad, como si me hubieran dejado caer en un pozo sin fondo.

 

De pronto, una luz surge de la oscuridad. Se intensifica hasta convertirse en un torbellino de colores, una figura radiante que toma forma. Es un ser que no se parece a nada que haya visto antes, una criatura de energía pura, con una voz que resuena como el eco de un millón de mundos.

 

—Estás muerto, Jae-Hyun, —dice la figura con una voz que parece provenir del corazón de la misma existencia. — Has sido traído a un lugar fuera del espacio y el tiempo.

 

Mi mente se inunda de recuerdos: el camión, la oscuridad, el vacío… la muerte. No me sorprende. Es una muerte absurda, como un guión de una película de bajo presupuesto.

 

—¿Por qué…? —pregunto, mi voz apenas un susurro en la inmensidad.

 

—Te ofrezco una segunda oportunidad, —responde el ser, con una sonrisa que parece estar hecha de estrellas. — Un mundo que necesita tu ayuda.

 

—No entiendo… —murmuro, confundido y aterrorizado.

 

—Soy un guardián de la realidad, —explica el ser, su voz resonando con un poder que me deja aturdido. — Protejo mundos en peligro de destrucción. Y tú, Jae-Hyun, eres mi elegido.

 

—¿Por qué yo? —pregunto, mi voz llena de incredulidad. — ¿Qué puedo ofrecer a un ser como tú?

 

El ser, sin responder directamente a mi pregunta, me presenta un dispositivo brillante: un juego gacha.

 

—Esta es tu oportunidad de obtener un poder especial para ayudarte en tu misión, —dice, con un toque de ironía en su voz. — Un poder que puede cambiar tu destino.

 

Sin entender el significado del juego, miedo y curiosidad me impulsan a girar la rueda del gacha. Con un ruido extraño, se abre una caja y aparece un mensaje: "Mimetismo Perfecto (Rango A)".

 

—Un poder que solo cambia mi apariencia… —murmuro con desilusión. — ¿Qué uso puede tener en un mundo que está en peligro de destrucción?

Un silencio pesado llenó el vacío. El ser trascendental observará a Jae-Hyun, una expresión indescifrable en su rostro. Mimetismo Perfecto... El destino tiene un extraño sentido del humor. Un poder que cambia la apariencia... en un mundo donde la apariencia importa tan poco. Irónico, ¿no? Pero bueno, ya estás hecho. No puedo cambiarlo. Tendré que ver cómo se las arreglan. Quizás me sorprenda. Espero que el chico sea lo suficientemente inteligente para sacar partido. Crucemos los dedos.. Es un ladrón, después de todo. 

 

—Es un poder único, Jae-Hyun, —el ser interrumpe mi pensamiento, con una sonrisa casi imperceptible. — Puedes imitar la apariencia de cualquier persona con precisión casi perfecta. Una habilidad que puede ser muy útil en el mundo al que te enviaré.

 

—¿A qué mundo? —pregunto, sintiéndome más confundido que antes.

 

—Es un mundo... diferente, —dice el ser, su voz resonando con un tono misterioso. — Un mundo donde héroes con poderes increíbles luchan contra villanos con intenciones siniestras.

 

—¿Héroes? —pregunto, sintiéndome aún más confundido. — ¿Villanos? ¿Qué tipo de mundo es ese?

 

El ser trascedental, con un brillo peculiar en sus ojos, me dice:

 

—Un mundo que necesita un ladrón como tú. Un mundo donde tu habilidad para engañar y cambiar tu apariencia puede ser un arma poderosa. Aunque, claro, eso depende de ti. No esperes que te lo ponga fácil.

 

Antes de que pueda decir otra palabra, el vacío me absorbe. Mi cuerpo se vuelve ligero y mi mente aturdida. Siento que mi cuerpo se desintegra, que me desvanezco en la nada...

 

Abro los ojos. No estoy en el vacío. Estoy en un lugar extraño, un cuarto con paredes blancas y una luz fluorescente brillante. Mi cuerpo se siente diferente, ligero, como si fuera un cuerpo nuevo. Mi mente, sin embargo, está inundada de recuerdos, de mi vida anterior, de mi muerte, del ser trascedental, del juego gacha, y del poder que me han otorgado.

 

Me miro en el espejo. No es mi cuerpo. Es el cuerpo de un niño de un par de meses.

 

—Soy un ladrón, ¿que habra querido decir?… —murmuro, con un tono de voz ronco y extraño.

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