*ARTHERIUS*
Después de pasar aquella vergüenza monumental, nos dirigimos al cuarto de armas donde Atheria dijo que nos obsequiaría un arma. Me quedo completamente atónito al ver el arsenal que guarda allí. Incluso Trevor y Layra se detienen, sorprendidos.
"¿Con qué armas empezaron su entrenamiento?" pregunta Atheria.
"Yo con una espada de doble filo, igual que papá" responde Trevor.
"¿Y tú, Layra?"
"Una lanza de hoja larga" contesta mi hermana.
"Perfecto. Aquí tienen varias opciones. Tómense su tiempo para elegir" dice ella, y luego me mira. "Ahora tú, mi pequeño promedio, ¿qué arma elegiste?"
Otra vez lo dice con intención de molestarme. Papá se ríe y mamá se sonroja.
"Por un arma poco ética…" murmura mi madre, avergonzada.
"¿Por qué dices eso?" pregunta Atheria arqueando una ceja.
Esta vez respondo yo.
"Por una guadaña" digo, rascándome la mejilla.
Atheria se detiene un segundo, sorprendida.
"Vaya, no lo vi venir. Pensé que elegirías un mandoble o algo parecido a lo de tus hermanos."
"Pues no se equivoca, señorita. Puedo especializarme en ambas cosas, pero quise un cambio de aires. Además, heredé el rayo de mi madre."
Atheria se ríe.
"Qué muchacho más peculiar. Y no lo digo solo por tu apariencia" dice, levantando las cejas.
Rayos… creo que acabo de caer flechado. Perdón, Viola.
"Oh, olvidé preguntarles: ¿a qué elemento están afiliados?" pregunta.
"Magia de fuego" responde Trevor.
En ese momento aparece sosteniendo una espada roja como brasas, de doble filo, casi del tamaño de un mandoble. La empuñadura remata en lo que parece un colmillo.
Layra se acerca casi al mismo tiempo.
"Magia de agua, señorita Atheria."
Su lanza es preciosa: empuñadura morada con detalles dorados, y la hoja de unos 60 centímetros. Completa, medía casi 190 cm; más larga de lo que ella suele usar.
Atheria silba.
"Sí que tienen buen ojo para las armas. Muy propio de este gremio."
"Gracias, Maestra del Gremio" dicen Trevor y Layra al unísono.
Luego se vuelve hacia mí.
"Ahora tú, mi prometido improvisado. Por aquí están tus opciones."
La sala tiene seis guadañas, pero ninguna me convence del todo… excepto una.
La guadaña parece absorber la luz a su alrededor.
El bastón es negro mate, sin brillo alguno, como si estuviera hecho de una sombra solidificada, y al sujetarlo siento un frío extraño, no físico, sino más profundo.
La hoja triple se curva con una elegancia inquietante: dos filos laterales ascienden como colmillos de dragón, mientras una tercera hoja central, más larga, se eleva dominante, marcando el golpe final.
"Elijo esta" digo.
Atheria parpadea sorprendida. Mis padres y hermanos también.
"Me parece maravilloso, hijo. Adelante" dice papá.
"Con cuidado, que aún no eres tan alto para maniobrarla bien" advierte mamá.
"Excelente elección, mi prometido. Parece que sí podrás tener mi mano en el futuro" comenta Atheria con picardía.
Mis mejillas prenden fuego.
Papá, mamá, Trevor y Layra estallan en risas junto a Atheria, mientras yo deseo desvanecerme.
Entonces notamos que falta alguien.
"¡Miren esto!" dice Elowen desde el otro lado del salón. "¡Me gusta! ¿Puedo quedármela?"
Es un mandoble. Rojo como sangre recién derramada, incluso más vivo que el de Trevor.
"Aún no, hija. No tienes edad para manejar algo así" responde mamá con firmeza.
Elowen se derrumba con un puchero épico. Luego se gira hacia Atheria con ojos de cachorro abandonado.
"Hermana Atheria, ¿me la puedo llevar? Prometo entrenar para dominarla."
Atheria no resiste.
"Está bien. Si te gusta, no puedo decir que no. Solo déjenme buscar los anillos para ajustar las armas y dónde guardarlas."
"¡SÍ! ¡Gracias, hermana Atheria!" grita Elowen. "Hermano Ther, te doy permiso para casarte con ella."
"Gracias, Wen. Solo asegúrate de no decirle nada a Viola" digo riendo.
Atheria me mira con falsa solemnidad.
"Espera, querido. Primero tendremos que preguntarle a tus padres."
Todos vuelven a reír, en complot absoluto contra mí.
