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Chapter 30 - La ciudad fantasma

La noche pasó y, con ella, comenzó un nuevo día.

Extimum se despertó temprano; había disfrutado de una buena noche de sueño.

Al mirar hacia su pecho, vio que Bloom aún dormía allí. Sus alas parecían más brillantes y coloridas que el día anterior; probablemente su cuerpo tardaría solo unos días en recuperarse por completo. Su mente, en cambio, requeriría más tiempo.

A partir de sus observaciones y lo que había sentido hasta el momento, Extimum no creía que ella fuera mala. Al principio había sido bastante defensiva, algo natural dadas las circunstancias, pero aceptaba su estado actual sin problemas. No obstante, aún sabía poco de ella, pero dado que ahora estaban unidos, solo era cuestión de tiempo.

Sin querer despertarla, como el día anterior, utilizó su cola, que la mantenía abrigada, para levantarla con cuidado y sostenerla a cierta distancia. Luego se incorporó y se dirigió al baño para darse una ducha

Al entrar, dejó la cola fuera del baño para seguir sosteniéndola y lanzó un encantamiento silenciador sobre el grifo. El agua fría de la mañana disipó cualquier rastro de sueño que pudiera quedarle en el cuerpo. Prefería el agua caliente, pero para despertarse era mejor la fría.

Terminada la ducha, se secó con una toalla cercana y extendió la mano hacia su bolsa. Un conjunto de ropa salió volando hasta su mano y procedió a vestirse.

Refrescado, se dio una rápida mirada en el espejo antes de mover la cola que sostenía al hada, depositándola suavemente sobre su cabello. Le había pedido mentalmente que se encogiera para poder colocarla allí, y su cuerpo lo hizo de forma automática, incluso estando dormida.

Aunque no pensaba abusar de ese poder, era un dato inesperado sobre el funcionamiento del rol de maestro según el contrato.

Salió de su habitación con el plan de practicar con su nueva espada e intentar impregnarla con magia. El día anterior había visto a Mei hacerlo: su espada emitía un brillo mágico que dejaba una ligera sombra con cada estocada. Con su aguda vista había captado ciertos detalles que le resultaron muy interesantes, especialmente considerando que era un método completamente diferente para usar la magia del que conocía.

Estos eran, precisamente, los motivos que lo impulsaban a visitar otras comunidades mágicas. Aunque con el tiempo la magia se había estandarizado en conceptos y hechizos básicos, cada comunidad conservaba teorías y prácticas únicas, moldeadas por su contexto histórico, ambiental y geopolítico. En esencia, todas se dirigían al mismo objetivo, pero partiendo de fundamentos distintos.

El verdadero dominio de un mago seguía siendo la capacidad de realizar magia sin varita ni artefactos, aunque usarlos no era malo siempre que fueran una ayuda y no una dependencia. Algunos métodos de enfoque incluían criaturas mágicas como mediadoras, o elementos naturales específicos; eran más limitados en alcance que la magia común, pero ofrecían un control más fino de ciertos aspectos.

Esto, claro, dependía también del talento y la afinidad del mago. Las criaturas mágicas poseían inclinaciones marcadas hacia ciertos elementos y un control innato sobre ellos, pero les costaba más dominar los contrarios. Los magos naturales, en cambio, no tenían esas limitaciones: contaban con talentos, pero no con inclinaciones, lo que les otorgaba la versatilidad sin las restricciones de otras criaturas.

Un ejemplo eran los Shadowless y su talento natural para la oscuridad, que luego refinaron en el control de las sombras. Cualquier mago podía estudiar esa rama, pero nunca con la misma facilidad ni destreza. Un Shadowless solo necesitaba la idea y un control básico para manipular sombras como si respirara. Aun así, tenían sus límites según su nivel y pericia mágica.

Algunas técnicas, como el Robo de sombras, seguían siendo exclusivas de ellos; hasta la fecha, nadie más había podido replicarlas.

-

Deambuló por el palacio, apreciando la fina arquitectura y los detalles que no había notado antes. Pese a su buena memoria, no pudo evitar encontrarse un poco perdido, debido a la falta de familiaridad con el lugar. Tuvo que llamar entonces a un elfo doméstico para que lo guiara hasta las habitaciones de práctica.

El área resultó ser sencilla y tradicional, más parecida a la de un templo rústico que al resto del palacio. El salón de madera, de tamaño mediano, estaba rodeado de ocho puertas corredizas de papel de arroz, cada una con una inscripción que indicaba si estaba ocupada. Abrió la más cercana y entró a un patio artificial que simulaba un entorno exterior.

Se había vestido con un kimono blanco con detalles morados que había comprado en el mercado local. Nunca había usado uno, pero logró ponérselo con algo de suerte, aunque no estaba seguro de si lo había hecho correctamente. Lo había elegido para probar el estilo local y le resultaba cómodo, más elaborado que la ropa que solía usar.

Dejó su bolsa y objetos en una mesa, tomó su espada y se situó en el centro. Separó los pies a la altura de los hombros, relajó el cuerpo y armonizó su respiración antes de cerrar los ojos. Una mano descansaba en la empuñadura, la otra en la vaina.

Su mente fluyó lentamente, concentrándose en la espada en sus manos. A diferencia de una varita, la espada era un artefacto mágico más avanzado y no canalizaba la magia de forma automática: el mago debía hacerlo manualmente, en un proceso similar a la magia sin varita, aunque algo más simple.

Visualizó la espada desde el mango hasta la punta de la hoja, percibiéndola primero con los sentidos físicos —su peso, temperatura, textura— y luego como algo vivo, receptivo. Guiada por su voluntad, su magia recorrió su cuerpo y se concentró en la mano izquierda, buscando una conexión.

Pronto, algo hizo *clic*. Sintió como su voluntad, su conciencia, impregnaba la hoja por completo.

Mantuvo ese estado durante varios minutos, familiarizándose con la sensación, mientras el viento de la mañana agitaba su kimono. El silencio solo era roto por su respiración y el susurro del aire.

Cuando su magia fluyó estable, desenvainó sin abrir los ojos. Veía con la mente cómo la energía circulaba entre él y la espada en un ciclo perfecto, sin desperdicio.

**Grito de espada**

Abrió los ojos. La hoja parecía normal a simple vista, aunque una ligera vibración recorría su contorno. Sintió como la conexión inicial entre ellos se profundizaba, convirtiéndola en una extensión de su cuerpo.

Para quien pudiera ver la magia, sería evidente la energía serena y vigorosa que envolvía el filo, emanando en ocasiones.

La magia no tiene forma ni color, es solo energía, pero toma las características que el mago aplica en ella.

Sin romper su concentración, comenzó a moverse, iniciando una danza marcial suave.

**swoosh**

**swoosh**

**swoosh**

Cada vez que la hoja se detenía, dejaba escapar una energía cortante que azotaba el aire. En un movimiento fluido, su mano izquierda se liberó del mango y, con un gesto, invocó su varita desde su estuche. La danza cambio, adaptándose, pero conservando la misma serenidad y filo.

Internamente, parte de su magia se dividió, dirigiéndose hacia su varita. Cada vez que la alimentaba con energía, la estabilidad de la magia en la espada se tambaleaba ligeramente. No era tanto por el hecho de canalizarla hacia dos puntos distintos del cuerpo, sino porque ambas herramientas actuaban como focos a la vez.

Era un ejercicio delicado. Canalizar energía hacia dos focos distintos —espada y varita— exigía un control fino: cualquier desequilibrio podía provocar que un hechizo se desbordara, una descarga accidental o incluso un choque de energías. En el mejor de los casos, sería solo una explosión molesta; en el peor, una onda mágica capaz de destrozar el patio.

Durante varios minutos logró mantener el equilibrio… hasta que una sensación ajena se coló en su consciencia. Una presencia cercana. Su concentración vacilo y la magia que mantenía en su varita salió disparada hacia una roca del patio, provocando una pequeña explosión.

Fue una suerte que no fuera su espada o el daño podría haber sido peor.

Estabilizando su respiración, giró la mirada hacia la entrada del patio… solo para ver a Mei parada allí.

Sus miradas se cruzaron. La de ella adoptó un toque ligeramente avergonzado.

Ella se había levantado temprano para practicar con su espada, como hacía habitualmente. Al entrar al templo de la Iluminación, donde solía meditar, escuchó un sonido proveniente de uno de los patios.

Frunció el ceño: normalmente no habría ningún ruido allí, y estaba segura de que su padre no pensaba entrenar esa mañana. Por un momento olvidó que tenían visitas; no era algo común en el hogar ancestral.

Siguiendo el origen del sonido, encontró una puerta corrediza abierta. Al asomarse, vio a Extimum en medio de su práctica.

Mei: "Lo siento, no era mi intención interrumpir". Dijo, inclinando ligeramente la cabeza en disculpa.

Extimum: "Está bien, fue mi culpa por no cerrar la puerta". Había olvidado que ya no estaba en su hogar donde la mayoría de las puertas se cerraban solas.

Mei: "¿Quieres practicar conmigo?"—preguntó, entrando al patio—"Normalmente lo hago con mi padre o con alguien más de la familia, pero no creo que venga esta mañana. Por cierto… tu control de la magia es realmente asombroso. He intentado usar espada y varita al mismo tiempo, pero al final solo puedo canalizar la magia hacia una de ellas".

Extimum: "¿Cómo sueles hacerlo?".

Mei: "Por lo general, me concentro mas en la espada. Marco el ritmo con ella y luego simplemente dejo que la varita haga lo suyo mientras lanzo un pulso o algún hechizo".

Extimum: "Hmm, tal vez ese sea el problema. Dejas que la varita tome el control como cuando lanzas magia normalmente, pero al ambos actuar como focos, no es una estrategia muy adecuada"— Hizo una pequeña pausa antes de continuar—"Deberías intentar dirigirlo de forma lenta a cada uno de ellos o al menos eso fue lo que hice".

"Primero mantuve mi magia en mi espada y luego intenté de forma lenta y constante dirigir la magia hacia mi varita y parecía estar funcionando… bien, mejor practiquemos".

Mei enrojeció apenas, entendiendo que "parecía estar funcionando" implicaba "hasta que llegaste y me interrumpiste".

Pese a su corta edad, Mei mostraba una madurez inusual. Quizá la disciplina marcial y su incesante práctica habían templado en ella un carácter sereno, desprovisto de la efusividad propia de los niños de su edad. Para Extimum, aquel comportamiento resultaba más cómodo, pues evitaba palabras superfluas y se limitaba únicamente a lo que debía decirse.

Mei llevaba consigo solo su espada y su varita. En cuanto pisó el centro del patio, adoptó una posición de combate. Extimum hizo lo mismo, y durante unos segundos ambos se midieron con la mirada, buscando cualquier destello de vacilación en los ojos del otro.

Finalmente, fue Mei quien se movió primero. Extimum había decidido cederle la iniciativa para estudiar su forma de luchar. Sin embargo, su sorpresa fue inmediata: la hoja de Mei se tiñó de un resplandor azul apenas dio el primer paso, atacando sin miramientos con el filo imbuido de magia.

Extimum canalizó su energía hacia su propia arma y logró interceptar el golpe, aunque un instante más tarde que ella. En cierto modo, agradeció haberle permitido comenzar: de no haber sido así, habría atacado solo con acero mientras Mei blandía un arma potenciada, quedando en clara desventaja.

** Clac clac **

El choque resonó en el aire, haciendo vibrar sus manos y agitando las telas de sus kimonos con la onda del impacto.

** Clac clac **

Los intercambios se sucedieron con rapidez. La espada de Mei transmitía un peso adicional en cada choque, efecto de la magia que impregnaba su filo. La fuerza natural de Extimum le permitió resistir sin problemas, pero no estaba acostumbrado a un duelo donde ambas hojas estuvieran imbuidas de magia. No sabía todavía cómo optimizar defensa y ataque bajo esas condiciones.

** Clac clac **

Tras varios golpes, Mei pareció advertirlo. Cambiando el flujo de su energía: el azul de su hoja viró a un verde intenso. El cambio no era solo estético; la presión de sus ataques se transformó, desplazando el peso por un filo más ágil y punzante.

Extimum se adaptó con rapidez, manteniendo el equilibrio y aprovechando su técnica pura para neutralizar embestidas. Sin embargo, no podía ignorar que la joven tenía más experiencia integrando magia en su esgrima.

Lo que no conseguía únicamente con el filo, lo compensaba con un control refinado de su cuerpo: pasos exactos, giros medidos y transiciones fluidas que le permitían ganar ángulo o abrir huecos en la defensa. Era la ventaja de alguien que había entrenado tanto en artes marciales como en el manejo de la espada.

Aunque Extimum era consciente de ello, no le resultaba sencillo contrarrestarla, lo que los llevó a un punto muerto. Aun así, el combate le había resultado sumamente ilustrativo: no solo sobre cómo integrar la magia en su espada, sino también sobre ciertas estrategias útiles en la lucha cerrada.

Dicho esto, ambos eran verdaderos genios para alcanzar tal dominio a su edad sin descuidar el principal camino de la magia.

La lucha se prolongó así durante casi una hora. Extimum mantenía el control técnico, pero Mei dominaba el terreno en el aspecto mágico, forzándolo a explorar estrategias poco habituales para él. Finalmente, tras un intercambio más intenso, ambos se separaron unos pasos, respirando de forma agitada pero firme.

Mei: "*Jadeo*… eres muy bueno con la espada". Admitió, con un leve jadeo.

Extimum: "Tú tampoco te quedas atrás"—replicó—"Fuiste mucho más capaz que yo en la lucha".

Mei: "Hmp. Dime eso cuando no estés reprimiéndote para no despertarla". Respondió hinchando un poco su mejilla, señalando con un gesto hacia su cabeza.

Extimum: "¿Pudiste notarlo?"— arqueó una ceja—"Realmente no intentaba reprimirme, solo reduje un poco la contundencia de mis ataques. En una lucha de habilidad, no debería haber bajado mi nivel".

Mei: "Eso solo lo sabremos cuando volvamos a luchar"—sentenció, guardando su espada—"Por ahora, deberíamos ir a desayunar. Mis padres ya deberían haberse levantado, y es probable que tu amigo esté en el comedor".

Era cierto: Extimum había suavizado sus movimientos para evitar molestar a Bloom, que descansaba en su cabello. Aunque eso le restaba algo de potencia, no disminuía su habilidad real; en todo caso, le daba a Mei una ligera ventaja.

El camino del espadachín mágico era así de poderoso, no importaba si el oponente era más fuerte físicamente, la espada aún podría cortarlo si se empleaba bien la magia, por supuesto, la ventaja natural todavía estaba allí, pero no era un fuerte impedimento.

Después de organizar un poco sus kimonos y secarse el sudor con un hechizo, Mei lo miró de reojo.

Mei: "No sabes atarte el kimono ¿verdad?".

Extimum: "No realmente… es mi primera vez usando uno. Solo copié más o menos lo que vi. ¿Se nota mucho?". Admitió sin la menor vergüenza.

Mei: "Pfff… Jajajaja. Sí, se ve muy gracioso. Si salieras así a la calle, recibirías más que unas pocas miradas de burla". No lo había notado al principio, debido a que las espadas tenían toda su atención, pero ahora que lo notaba, lo encontraba muy gracioso.

Era como cuando alguien se ponía medias de diferente color y tamaño.

Extimum no se ofendió; al contrario, le parecía algo normal. Si se lo preguntaran, diría que, para ser la primera vez, lo había hecho bastante bien. Ignorando el modo extraño en que lo había atado, había logrado resistir sus movimientos agitados durante el duelo y, además, no estaba incómodamente apretado.

Mei: "*Haaaa* Ven, déjame ayudarte. Te enseñaré cómo se hace".

Extimum: "Esta bien, gracias".

Mei: "Mm-Mm, no importa, solo tienes sujetarlo así y luego…".

Una vez corregido el nudo del kimono, Mei lo guió fuera del patio de práctica. Le dio una breve explicación sobre el funcionamiento de los patios y el templo que los conectaba antes de encaminarlo al comedor.

Al entrar al comedor, notaron que solo faltaban ellos dos por tomar asiento. Los platos ya estaban servidos, y el resto esperaba para comenzar.

Leonardo: "Oh, estuvieron practicando, Jajajaja. Es bueno que construyan una amistad; las mejores amistades se forjan luchando, y que mejor forma que confiando tu vida al filo de la espada del otro". Leonardo parecía complacido con tal desarrollo, fue especialmente sugestivo cuando menciono sobre que hicieran su amistad.

Rou: "Hmp, solo los barbaros como tu pensaría en hacer amistad de tal forma". Replico con desdén.

Extimum y Mei ignoraron la discusión y ocuparon sus lugares.

Lian Hua: "Oh, ahora lo recuerdo" —intervino—", ustedes dos no llevan mucho tiempo en China. ¿Qué les parece si Leonardo los guía por las otras ciudades mágicas? Incluso podría llevarlos a algunos lugares interesantes de esos… muggles".

Mientras hablaba, los elfos domésticos traían las últimas bandejas y colocaban servilletas junto a cada plato.

Rou: "¡Hey!, espera, ¿por qué quieres que los lleve él?" —intervino—"Yo podría-".

Una silenciosa mirada de Lian Hua bastó para que guardara silencio.

Harry: "Creo que estaría bien"—opinó—"Hasta ahora ya hemos visto todo de la ciudad Xuézhě de xiūxí, y sería bueno tener un guía que nos muestre los mejores lugares".

Oh, Harry probablemente se arrepentiría de esa decisión unos días después.

Extimum: "Concuerdo… aunque me gustaría partir en unos tres días. Practicar con Mei me resulta muy productivo en mi entrenamiento".

Lian Hua asintió, y Extimum intuyó sus motivos: probablemente quería que Leonardo los acompañara por seguridad. China era uno de los países más grandes del mundo mágico, y allí también residía la antigua familia Mòshuǐ. Los Shadowless y los Mòshuǐ no eran enemigos declarados, pero su relación distaba de ser cordial; un equilibrio frágil mantenía las aguas en calma. Y si descubrían el origen del hada que lo acompañaba, podrían interesarse demasiado en ella.

Leonardo: "No se preocupen"—dijo con una sonrisa confiada—"Mientras estén conmigo, me aseguraré de llevarlos a los lugares más divertidos e interesantes de China. Además, estoy seguro de que nadie se atreverá a causarnos problemas… a menos que no sepan quién soy".

.

Los siguientes días pasaron con rapidez.

Extimum y Mei entrenaban a diario, alternando duelos de espada, magia, y a veces combinando ambas disciplinas. La magia de Mei resultaba fascinante: muchos de sus hechizos se camuflaban con el entorno o se transformaban en parte de él, como lluvias de pétalos mortales, tormentas de agujas o ingeniosas inversiones de hechizos.

A diferencia de la magia británica, más enfocada en la eficiencia y menos en la apariencia, la magia que Mei practicaba estaba impregnada de un sentido estético que no disminuía su letalidad.

En ocasiones, también utilizaba técnicas basadas en sombras, aunque siempre manteniendo un componente visual llamativo. Una de las que más impresionó a Extimum ocurrió durante un entrenamiento: Mei le lanzó una ráfaga de pétalos, y las sombras proyectadas por estos se desprendieron para atacarlo por un segundo ángulo. Fue una suerte que, como todo Shadowless, Extimum fuera especialmente sensible al elemento; pudo esquivar la mayoría, aunque terminó con varios agujeros en su ropa.

A su vez, Extimum practicó hechizos espaciales y otros que había encontrado en la biblioteca local, siguiendo las recomendaciones de Mei. La biblioteca familiar aquí no estaba escondida, solo estaba dividida por una barrera invisible que separaba los volúmenes públicos de los familiares, pero incluso la sección abierta ofrecía material valioso para un mago curioso.

El plan inicial era partir después de tres días, pero el provechoso intercambio de técnicas alargó la estadía a ocho. Extimum no descuidó a Harry: le señaló libros con conocimientos básicos que un mago criado en una familia mágica debería tener, además de otros sobre lengua china y algunos hechizos que despertaron su interés.

Durante ese tiempo, Extimum conoció a otros miembros de la familia que vivían en palacios más alejados. Aunque formaban parte de la misma rama, ya se habían independizado y formado sus propias familias, por lo que residían en zonas distintas. Entre ellos estaba la abuela de Lian Hua y Rou, que habitaba en la parte más exterior de la ciudad.

Era una anciana de aspecto frágil, pero con un aire imponente cuando dejaba de lado su expresión amable. Parecía que el temperamento de Lian Hua era de familia. No le sorprendería descubrir que aquella mujer fuera tan poderosa como Dumbledore… o incluso más.

Se dedicaba a cuidar el bosque y las criaturas mágicas que allí vivían, y había criado a Lian Hua y a Rou cuando sus padres murieron.

Fue gracias a ella que Extimum comprendió por qué casi no había ancianos en las ramas de la familia. No era una tradición establecida, pero la mayoría se retiraba de sus cargos administrativos y se dedicaba a viajar por el mundo, perfeccionando su magia y visitando los santuarios mágicos de otras ramas.

A veces, los ancianos entraban en reclusión para investigar un tema concreto; otras, simplemente deambulaban por el mundo no mágico, ampliando sus conocimientos y llevando una vida más tranquila.

Por eso no era extraño que en una rama familiar hubiera muy pocos ancianos… o, por el contrario, que varios coincidieran en una de ellas durante un tiempo.

Extimum no tuvo ocasión de preguntarle si, con base en aquello, él mismo tenía algún abuelo o abuela. Su madre nunca se lo había mencionado y, fiarse solo de los registros, no le permitiría saber si aún vivían.

Aun así, de ella aprendió algo importante: a menos que decidieran volver por voluntad propia, o que ocurriera una emergencia a nivel de guerra o de destrucción familiar, era poco probable que regresaran a su rama de origen en el corto plazo.

Y considerando la larga vida de los magos…

-

Leonardo: "Bien, bien… hoy iremos a una de mis ciudades favoritas: la ciudad Guǐ"—anunció con entusiasmo—"Quizá no sea el lugar más seguro ni el más visitado por turistas comunes, pero sin duda será una experiencia interesante".

Harry: "¿Es… la ciudad fantasma?". Preguntó, dudando.

Leonardo: "Vaya, parece que aprendes rápido. Tienes razón: es una auténtica ciudad fantasma".

"En sus orígenes era una ciudad de magos que fue destruida por un dragón ancestral; ninguno sobrevivió, salvo los que no se encontraban allí en ese momento. Movidos por su rencor hacia la criatura, sus almas se negaron a pasar al otro lado y permanecieron como fantasmas. Aunque, con el tiempo, dejaron de culpar a todos los dragones… salvo al que los mató".

Extimum: "Oh… leí algo sobre el lugar. Según el folleto, está habitado por magos y criaturas con tendencias más bien oscuras, pero también alberga el mercado mágico más grande de China".

Leonardo: "Exacto. En sus primeros años no gozaba de buena reputación, pero después de que nuestra familia y los Mòshuǐ invirtiéramos en ella, empezó a recibir magos de todo tipo. Hoy en día puedes encontrar prácticamente de todo allí, incluso materiales y objetos antiguos… si tienes suerte". Dijo con una sonrisa.

Harry: "¿Y por qué estamos aquí? ¿No iremos por flu? O ¿iremos por aparición?".

Harry pregunta esto porque en este momento se encontraban en la terraza del palacio, el jardín, en lugar de ir cerca de una chimenea o simplemente reunirse en los pisos inferiores para ir por aparición.

Leonardo soltó una carcajada—"No, no, si vienes de visita, naturalmente, debo darte la experiencia completa"— rió, y luego alzó la voz con fuerza—"¡Abil!".

Su llamado retumbó como un trueno.

**Roarrr**

Un rugido profundo respondió desde la parte posterior del edificio. Entre la niebla, una sombra inmensa se aproximó, hasta cubrirlos del sol. Un dragón rojo de unos diez metros apareció sobrevolando la terraza.

Sus escamas escarlatas brillaban como metal bruñido; dos alas musculosas se extendían desde su lomo, y una cola larga terminaba en punta de flecha. Una hilera de astas doradas rodeaba su rostro, coronado por ojos saltones y brillantes: un auténtico "bola de fuego chino".

El dragón no aterrizó. Se limitó a flotar frente al edificio, lo bastante cerca para que pudieran saltar sobre su lomo.

Harry: "¡Un Dragón!". Exclamó, abriendo los ojos como platos.

Era un dragón enorme, incomparable con Kaida (Norberto).

Leonardo: "Y no cualquiera"—replicó, con aire orgulloso—"Es un "bola de fuego chino" con uno de los linajes más puros que quedan. Solo mira su tamaño".

Extimum, aunque impresionado, no se sorprendió del todo: con un territorio tan extenso, era lógico que la familia pudiera albergar criaturas mágicas de ese calibre.

Mei fue la primera en saltar sobre el lomo del dragón. No estaba previsto que viniera, pero había seguido en silencio al grupo. ¿Y quién era su padre para detener a su hija de una aventura?

Además, no había muchos niños de la edad de Mei en el hogar ancestral, por lo que estaba algo sola hasta que volviera a la escuela.

Extimum tampoco dudo y salto, seguido de Leonardo, dejando solo a Harry quien tenía una mirada un poco vacilante.

Leonardo: "Vamos, chico. Si no puedes hacer esto, no vivirás mucho en el futuro, Jejeje". Comentó con un tono que sonaba a broma… pero con un fondo de verdad.

Harry tragó saliva, tomó impulso y saltó. La superficie del dragón era sorprendentemente estable bajo sus pies.

Mei: "Deberías agarrarte bien. A Abil le gusta arrancar de forma brusca".

Extimum le agradeció y, antes de que despegaran, tomó a Bloom, que miraba curiosa desde su cabello, y la acomodó en un bolsillo de su chaqueta.

'Quédate ahí hasta que el dragón se estabilice'.

Bloom asintió, se aferró con fuerza y asomó su cabecita para seguir mirando.

El dragón esperó a que todos estuvieran listos y luego batió las alas con fuerza, proyectándolos hacia adelante con un empuje que amenazaba con lanzarlos al vacío. Un viento frío y feroz les golpeó de frente, arrancando hojas y pétalos que quedaban atrapados en las corrientes de aire.

Extimum tuvo que sujetar sigilosamente a Harry con una de sus colas o habría salido volando. Leonardo y Mei, en cambio, parecían conocer bien la técnica para mantenerse aferrados, aunque solo Leonardo permanecía de pie, bloqueando gran parte del viento que arremetía desde el frente.

Mientras ascendían, la ciudad fue quedando atrás, reemplazada por la inmensidad del bosque que rodeaba todo el territorio. Desde aquella altura, el mar de copas verde y colorido se extendía hasta perderse en el horizonte, ocultando por completo los caminos y las construcciones menores.

Abil voló rápido, tan veloz que el paisaje bajo ellos se volvió una mancha difusa. Sin previo aviso, Leonardo estiró el brazo y lanzó un puñetazo al aire.

** ¡Boom-crack! **

El impacto resonó como un trueno, y el espacio mismo se rasgó, abriendo un enorme agujero en el velo de la realidad. Abil se lanzó sin dudar, atravesando la brecha en un parpadeo.

En un instante, el bosque quedó atrás. Ahora volaban sobre un valle oscuro, encajonado entre dos montañas que se alzaban como muros colosales. El aire se volvió más seco y áspero, y un eco profundo acompañaba el batir de las alas del dragón.

** ¡Roarr! **

El rugido de Abil retumbó emocionado, como si celebrara su regreso al plano original. El eco rebotó en las montañas, y el dragón aceleró, atravesando las nubes hasta salir del valle. Solo entonces redujo la velocidad, deslizándose de forma estable y dando ocasionales aleteos.

Las cortinas de niebla se disiparon, revelando las montañas y el valle que dejaban atrás.

...

Las montañas parecían hallarse en algún lugar remoto, pues no vieron ciudades no mágicas hasta pasada una hora de vuelo. En algún momento, Leonardo debió camuflar al dragón; Extimum no lo percibió, pero supuso que Abil ya tendría algún hechizo o artefacto que lo ocultara, o que Leonardo había recurrido a otro método para evitar que un dragón de diez metros fuera visto volando sobre las cabezas de la gente.

El viaje duró cerca de tres horas, principalmente porque Leonardo pidió reducir la velocidad en varias ocasiones para mostrarles ciertos lugares en ciudades no mágicas. Aun así, el trayecto fue sorprendentemente rápido para ir de Nanchang a Jixi.

Al llegar a Jixi, sobrevolaron una gran montaña y, tras pasarla, se encontraron con un amplio valle llano. El lugar tenía restos de ruinas antiguas, aunque la mayor parte había desaparecido con el paso del tiempo. No había asentamientos no-mágicos cercanos; el último que Extimum había visto estaba en la montaña anterior.

Leonardo: "Jejeje… ahora viene la parte divertida de todo nuestro viaje"—anunció con una amplia sonrisa—"Como Abil no puede entrar en la ciudad, nos dejará en el camino".

Harry: "¿Y qué tiene de divertido eso?"—preguntó, desconfiado—"¿No es solo entrar a la ciudad? ¿O hay algo especial en la entrada?"

Leonardo solo siguió sonriendo ampliamente mientras el dragón empezaba a volar sobre las ruinas.

Extimum, con una vaga sospecha de lo que se avecinaba, se levantó de golpe, desenvainó su espada y se subió a ella. Apenas tuvo tiempo de hacerlo antes de que el dragón se sacudiera y girara bruscamente, lanzándolos a todos al vacío.

Extimum: "Maldición… ¿no me digas que todos en mi familia están locos?". Refunfuño. No exageraba: la altura era considerable, y a excepción de Mei, que ya volaba sobre su propia espada, Harry y Leonardo caían en caída libre.

Bloom: "No, es su linaje de mantícora lo que lo hace tan salvaje"—intervino desde el bolsillo de su chaqueta—"No me sorprendería verlo comiendo humanos".

Extimum: "¿Has recuperado más de tus recuerdos?". Preguntó, ajustando su posición en el aire.

Bloom: "No, son solo cosas que sé… como conocimiento común, supongo. Pero a veces me viene de forma instintiva, como ahora".

-

"¡Ahhhhhhhhhhh!". Harry gritó, mientras el viento lo golpeaba de lleno.

Leonardo: "Jajaja, vaya que eres un chico valiente; pensé que te orinarías en los pantalones"—dijo acercándose a él, su voz proyectada con magia para ser escuchada—"Bien, ya casi llegamos, así que prepárate".

Extendió su mano izquierda, lo agarró por la ropa y lo sostuvo firmemente contra sí.

En algún punto, atravesaron un velo invisible y todo el paisaje cambió. El sol brillante de la mañana quedó oculto tras un cielo opaco, y el calor desapareció. El nuevo entorno era árido y rocoso, con un ambiente sombrío; abajo, la luz parecía de atardecer perpetuo.

-

Extimum y Mei descendieron en sus espadas detrás de Leonardo y Harry. Extimum había planeado rescatar a Harry, pero al verlo sujeto por Leonardo, supuso que este tenía su propio método para aterrizar.

Pronto, la ciudad se desplegó ante sus ojos: una urbe antigua, con un aire oscuro y lámparas que ardían con fuego verde. Aunque la primera impresión era lúgubre, la actividad en sus calles rompía esa sensación; incluso los más muertos del lugar se movían con vivacidad.

[Imagen]

Al llegar cerca del suelo, la parte posterior del hanfu de Leonardo se rasgó y emergieron unas enormes alas rojas de murciélago. Con un potente aleteo, frenó la caída y aterrizó suavemente, con Harry aún colgado de su brazo y los ojos abiertos como platos. Acto seguido, sus alas se plegaron y desaparecieron, y la tela del hanfu se reparó como si nada hubiera pasado.

Aunque su llegada atrajo algunas miradas, los lugareños parecían acostumbrados a tales excentricidades. Quizá, en un lugar así, el sentido común era lo bastante flexible para aceptar lo increíble como algo cotidiano.

Por otra parte, lo que ellos vieron no fue exactamente lo mismo que Extimum presenció. Para los lugareños, el hombre y el niño simplemente caían… hasta que, de forma misteriosa, frenaron en seco. No llegaron a notar el despliegue de sus alas; tal vez solo alguien de la familia Mòshuǐ habría podido percibirlo.

Leonardo: "Jajajaja, ¿a que fue divertido, muchacho?".

** Bluergh **

Harry vomitó casi de inmediato a que Leonardo palmeara su espalda, su rostro estaba terriblemente pálido, como si hubiera visto a la muerte hace solo un momento.

Extimum: "No, eso no fue para nada divertido. Tal vez lo habría sido si todos tuviéramos una herramienta voladora o la certeza de poder volar antes de aterrizar".

Mei: "Sí… él me hizo lo mismo en mi primera visita aquí. No volví a salir con papá después de eso; por eso solo salgo con la tia Rou y mamá".

Leonardo: "Eh, pensé que era divertido"—dijo encogiéndose de hombros—"He visto a algunos muggles hacerlo, y cuando les pregunté por qué, me dijeron que era por diversión. Así que lo probé desde Abil y me pareció entretenido… ¿será que para los magos es aburrido?". Pareció considerar seriamente su propia pregunta.

Harry: "Ugh… eso es paracaidismo, y no se supone que lo hagas sin paracaídas. De hecho, no se supone que lo hagas desde un dragón…".

Leonardo: "¿Paracaidismo? ¿Paracaídas? ¿Qué es eso?".

Harry: "¿No dijiste que los viste saltar?".

Leonardo: "Oh, me entendiste mal"—aclaró—"Fue una vez que me colé en un avión muggle que llevaba prisioneros de guerra. Cuando le pregunté a un soldado por qué los tiraban, me dijo que era divertido ver sus caras antes de lanzarlos y verlos caer… Sí, quizá no debería buscar actividades recreativas con soldados".

Harry se llevó una mano a la cara, incrédulo. ¿Quién se cuela en un avión de guerra que carga prisioneros? Incluso sin Hermione, el mismo podía imaginarse muchas cosas que decir sobre lo mal que estaba hacerlo.

Extimum: 'Colarse en un avión de guerra…'.

Leonardo: "Bien, cambiado de tema… ¿qué les parece la ciudad? Creo que ha crecido últimamente, ¿no lo crees, Mei'er?".

Habían aterrizado en la zona destinada a herramientas voladoras. La ciudad Guǐ, como su nombre indicaba, estaba repleta de fantasmas: algunos flotaban sin rumbo, otros atendían puestos de comercio. Vestían ropas antiguas, muchas chamuscadas; algunos ardían en llamas eternas, aunque la mayoría conservaba un aspecto relativamente normal.

Aun así, no solo había fantasmas: criaturas y magos de corte más oscuro también llenaban las calles. Sus auras eran inconfundibles, aunque intentaran cubrirse. Extimum incluso alcanzó a ver un lich: quizá el único esqueleto que podía pasear por una ciudad sin ser destruido.

Mei: "De hecho, parece mucho más animada y grande que antes".

Leonardo: "Bien. Aunque vine principalmente para cuidarlos, no quiero ser demasiado molesto. Solo anden con cuidado. Yo estaré en ese Bar. Si me necesitan solo griten mi nombre, aunque no lo crean, lo escucharé". Dijo lo ultimo mas para Harry que para los otros.

Con sus sentidos, incluso si la ciudad era muy bulliciosa, podría captar si alguien gritaba su nombre entre todas las voces.

El bar que señalaba Leonardo era una vieja taberna cercana, distinguida por un letrero de lo más peculiar.

"Taberna: Borracho hasta los huesos".

Tras despedirse, Leonardo se dirigió a la taberna.

Extimum: "Bien, vamos a recorrer la ciudad"—dijo con algo entusiasmo—"Tal vez encontremos algo interesante para comprar".

Mei: "Mmm… deberíamos pasar por una heladería que conozco. Venden helados que parecen fantasmales; no sé cómo los hacen. Es como comer una nube, pero sabe a helado".

Harry: "¿Cómo algodón de azúcar?".

Mei: "¿Existe algodón hecho de azúcar?".

Harry: "Eh… no, es azúcar, pero parece algodón. Es un dulce parecido a lo que describes".

Mei: "No lo sé… luego veremos".

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